Uno puede enojarse
cuando le fallan una primera vez pero cuando son dos ya debe hacer algo.
Ayer de tarde fuimos con mi marido a tomar el vuelo de regreso a
Asunción, hicimos todas las colas debidas en Aeroparque y en
migraciones, e ingresamos en zona de embarque para aguardar el avión de
Aerolíneas Argentinas. Habíamos confirmado dos veces, vía telefónica y
en el mostrador, aseguraron que el vuelo sí saldría. Confirmamos doble
simplemente porque para venir nos habían cancelado el vuelo sin más
explicaciones.
Esperamos en Aeroparque (Buenos Aires), el vuelvo debía partir a
las 9, pero cerca de esa hora lo postergaron para las 22:20, no hubo
explicaciones en alta voz, sólo un cambio de número en pantalla diminuta. Los pasajeros
seguimos esperando sin decir nada, yo aburrida de mirar como cambiaban
los números–casi sin poder leer- me acerqué a una de las puertas de
embarque y pregunté por la gente de Aerolíneas, me dijeron que no
estaban ahí, que ellos no eran y que no podían ayudarme. Había
alguien de seguridad cerca y le pedí que llamara por radio a gente de
Aerolíneas, pero me dijo que no podía ayudarme, me indicó en una pared
un teléfono de “asistencia al viajero” y ante tanta impotencia caminé
hasta ahí y hablé con la pared, después de lidiar con la grabadora, al
fin alcancé la voz de una mujer, le pedí que por favor me comunicara con
“Aerolíneas” me dijo que no podía, pero que sí, confirmaba el atraso
del vuelo. Le pedí que avisara a alguien de Aerolíneas que venga a zona
de embarque a explicar el motivo del atraso y me dijo que simplemente no
podía, era “imposible” comunicarse con ellos. Me senté otra vez a
esperar y vi cómo la pantalla cambiaba de nuevo, el vuelo se postergaba
hasta cerca de la 1 de la mañana y nadie de “Aerolíneas”, ningún anuncio
en altavoz y peor, nadie del personal de embarque podía contactarlos. O
sea, no era problema de ellos sería mejor decir.
Volví al guardia de seguridad, le pedí con insistencia que llamara a gente de “Aerolíneas” y se ofuscó, le pregunté su nombre y más molesto aún fue a llamar a la policía, como si mi pedido no era un derecho y más, era un problema de seguridad. Por supuesto la policía nunca llegó porque si venía le hubiese pedido lo mismo, que llamen a gente de “Aerolíneas”.
Luego nos indicaron que baje al primer nivel del aeropuerto y que ahí encontraríamos a gente de “Aerolíneas”, francamente ya tenía curiosidad, parecía una empresa de fantasmas y pensé: ¿en manos de quién estaba poniendo mi vida y la de mi familia esa noche?
Fuimos a la zona de migraciones intentando llegar al primer nivel del aeropuerto, como no nos dejaron pasar le pedí al agente que llame a alguien de “Aerolíneas”, me dijo sin levantar la mirada que no podía, enojada amagué cruzar su línea de frontera y al fin, saltó de su cubículo, sobresaltado me dijo que no podía pasar, solo podía volver y esperar. Si queríamos reingresar debíamos ser conducidos por alguien de Aerolíneas. Conclusión: estábamos fuera de la Argentina y no podíamos volver a entrar y menos volar, o sea, en medio de la nada, sin una persona de carne y hueso que explique “algo”.
Tengo que reconocer, que el hombre de migraciones tuvo un gesto amable, tomó el celular y contactó con un amigo pidiendo que alguien de “Aerolíneas” se presente en zona de embarque porque tenía pasajeros que necesitaban una explicación. Finalmente llegó alguien de apellido Blanco, con cara de palo me dijo que no tenía por qué estar molesta. Yo le pregunté por qué se demoraron tanto en subir y me contestó “pero ahora ya estamos”. 3 horas después y luego de tanta insistencia.
La noche fue mucho más dura que esto, sin descartar
que con mi marido tuvimos que firmar –para entrar nuevamente al país- un
papel que afirmaba que habíamos desistido “por motus propio” y sin
olvidar, que le pedí a señor Blanco un teléfono para buscar un hotel y
este funcionario, mirando en “blanco” me dijo que más tarde nos llevaría
a la cabina telefónica. Dos minutos después y a solo tres pasos de
distancia, un funcionario del duty free que nada tenía que ver se
ofreció en prestarnos el celular para contactar con el hotel.
Sí, la noche estuvo dura, salir del aeropuerto, conseguir el cambio de dólares para sobrevivir una noche más e inventar un taxi en medio de la noche y de un diluvio universal.
Me dirán que fuimos muy ingenuos por intentar –todavía- volar con Aerolíneas, pero nuestro pecado fue confiar en las personas, en creer en la asesora de la agencia de viajes quién aseguró que el servicio de “Aerolíneas” se restablecía, pensando más en su bolsillo o en ahorrarse el trabajo que en la tranquilidad de sus pasajeros y también ingenuos por pensar que del otro lado del mostrador de Aerolíneas encontraría a personas, seres humanos. Yo lo que vi anoche fueron fantasmas que nada tienen que contar de un país tan hermoso como la Argentina.
No me molestó el retraso del avión,
entiendo que puede haber un boicot y miles de razones para la demora, me
molestó la poca humanidad que encontré detrás de estos mostradores de
Aeroparque. Son una vergüenza para la Argentina.
(Si leyeron hasta aquí, les agradezco el desahogo y les doy un consejo: nunca vuelen con fantasmas)

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